Anginas

Concepto de Anginas.

En el fondo de la boca, en la faringe o garganta hay una serie de estructuras de tejido linfoideo dispuestas en distintos puntos estratégicos, con la misión fundamental de impedir el ingreso de gérmenes en el interior del organismo, ya procedan de la vía respiratoria, ya hayan ingresado ¡unto con los alimentos. Dentro de estas estructuras linfáticas destacan, por su importancia, las amígdalas palatinas, del paladar, y la amígdala faríngea. El conjunto de estas formaciones linfáticas recibe el nombre de anillo linfático de Waldeyer. Como consecuencia de esta misión antiinfecciosa, es frecuente que sus estructuras se inflamen, y al conjunto de los procesos inflamatorios de dicha zona se le da el nombre de anginas.

Vulgarmente y por ser más ostensible la inflamación de las amígdalas palatinas se hace sinónima la palabra anginas con la palabra amigdalitis. Veamos las principales afecciones inflamatorias amigdalares:

Angina agranulocitósica.

La agranulocitosis, enfermedad de la sangre, se acompaña corrientemente de una alteración grave de las amígdalas de tipo gangrenoso. Las amígdalas muestran un aspecto muy congestionado, flemoso, con zonas de tejido muerto y con tendencia a sangrar. El diagnóstico se confirma por el análisis de sangre donde se demuestra la agranulocitosis, que es la disminución de los glóbulos blancos o granu- locitos que pueden incluso llegar a cero.

El tratamiento se orientará a base de transfusiones de sangre repetidas cada 2 ó 3 días ¡unto con A.C.T.H. y cortisona por vía oral.

Angina bismútica.

Es una angina producida por la administración de preparados a base de bismuto. En muchos casos puede ocasionar unos síntomas parecidos a los de la difteria, con presencia de falsas membranas amarillentas.
Angina catarral aguda.

Es la forma más frecuente de inflamación amigdalar. Comienza bruscamente con escalofríos, fiebre elevada y amígdalas rojizas y grandes, con una cubierta de secreciones amarillentas que no forman membranas ni sangran al ser extraídas. Es una enfermedad benigna que suele evolucionar en cuatro o cinco días. Algunas veces puede provocar complicaciones: flemones, inflamaciones del oído (otitis), de los senos nasales o maxilares (sinusitis), y aun producir complicaciones a distancia, por ejemplo en el riñón (glomeru- lonefritis focaíes).

El tratamiento se basará en gargarismos de agua oxigenada, «chiclés» de penicilina, compresas calientes en forma de corbata, o mejor aún corbatas de hielo. También calma el dolor la deglución de pedacitos de hielo.

Por vía interna se administrarán sulfamidas y penicilina. Estas medicaciones pueden emplearse en forma de nebulizaciones con atomizadores. Es eficaz la administración de dosis elevadas de vitaminas A y C.
Si las anginas se repiten a menudo, será preciso efectuar la extirpación de las amígdalas (atnigdalectomía) para terminar definitivamente con la afección.

Angina de fiebre reumatica.

El diagnóstico es fácil, pues suelen coincidir los síntomas de angina con los dolores articulares.
El tratamiento será como el de la fiebre reumática.

Angina de la mononucleosis infecciosa.

Esta enfermedad de la sangre que se caracteriza por aumento del número de glóbulos blancos del tipo de los linfocitos y mo- nocitos, acostumbra acompañarse de unas anginas de tipo parecido a la difteria con seudomembranas y fiebre. Los ganglios del cuello aumentan de volumen y son dolorosos. El diagnóstico se confirma por el análisis de sangre. El tratamiento se basará en pincelaciones amigdalares con solución de merfén e inyecciones de A.C.T.H.

Angina fusoespirilar de plaut-vincent.

Es una angina parecida a la diftérica, con membranas y úlceras. Acarrea una discreta fiebre y ataca también a las encías próximas a las muelas. El diagnóstico se ratificará por análisis bacteriológico de porciones extraídas de la amígdala, al demostrar la coexistencia de dos tipos de gérmenes: bacilos fusiformes y espirilos.

El curso siempre es benigno y la curación se verifica en pocos días. Se recomiendan toques suaves con una solución acuosa de ácido crómico al 5 %, y se administrará penicilina en inyecciones intravenosas de salvarsán.

Angina herpética.

En la garganta de estos enfermos se observan unas pequeñas vesículas llenas de líquido que al romperse forman como una especie de membranas fuertemente adheridas, que al proceder a su extirpación dejan unas pequeñas ulceritas. Causan grandes dolores, y una elevación importante de la fiebre.

Para calmar el sufrimiento se administran pastillas de percaína que se disuelven en la boca. El tratamiento básico: sulfamidas y penicilina.

Angina leucémica.

En esta grave enfermedad de la sangre —la leucemia—, es frecuente que aparezca una inflamación de las amígdalas que a veces es puramente congestiva y en otros casos produce úlceras y pseudomembranes. El diagnóstico se precisa por el análisis de sangre.

El tratamiento coincide con el de la leucemia.

Angina sifilitica.

Ya hemos dicho que en el período secundario de la sífilis hay una afectación de las mucosas y eilo puede originar en las amígdalas la aparición de falsas membranas.

También en el periodo terciario de la sífilis es posible que se produzcan lesiones gomosas en las amígdalas o el velo del paladar. Se trata de abultamientos que al ulcerarse determinan grandes pérdidas de sustancia con cicatrices deformantes.

El diagnóstico se confirma pero los demás síntomas acompañantes y el análisis de sangre.
El mejor tratamiento es el yoduro potásico, que deberá asociarse siempre a los demás medicamentos (arsenicales y penicilina).

Angina tifica.

En la tifoidea a veces aparecen ulceras en las amígdalas, indoloras, poco numerosas, redondeadas, que suelen ceder con el tratamiento específico de esta enfermedad.

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